Daniel Sánchez, aficionado al teatro: “Puedes ser lo que tú quieras”

En un centro cultural de Alcobendas, nos recibe un joven de 20 años. Es un joven de barbas y melena, pero cuando comenzó con la afición sobre la que nos va a hablar, era imberbe y apenas comenzaba en la ESO. Dentro de unos minutos empieza su clase semanal de teatro, pero nos concede un momento.

Daniel Sánchez Sánchez , además de estudiar Derecho y Administración de Empresas en la UAM, es aficionado a los escenarios. Le gustaron tanto, que durante un tiempo se dedicó a aparece como extra en algunas películas y series. Hoy, se nos muestra como el mismo, sin disfraces ni personalidades ajenas.

 

¿Qué te hizo empezar a hacer teatro?

Bueno, pues supongo que como desde pequeño era mucho de estar actuando, pero con todo el mundo,  o sea, no en obras, sino haciendo el tonto y tal… Pues siempre la gente me decía: “Vales para actor, vales para showman“. De comedia, claro,  y no sé, supongo que se me quedó ahí, y cuando vinieron al colegio para hace pruebas para el grupo de teatro, dije:  “Ahí tengo que ir yo, o sea, es mi destino en la vida, ser actor”. Y supongo que después de tanto, pues dije “voy a meterme a actor”, y me acabó gustando.

¿Qué te resulto más difícil al principio?

Yo creo que lo más difícil al principio es adaptarte un poco a la vida de actor, y ni siquiera era profesional. O sea, era del colegio, pero tener que ensayar, tener que aprenderte un texto… Yo cuando empecé quería un texto corto porque pensaba “Ay no me voy a aprender aquí 100 páginas de guión, esto es imposible”.

Entonces, yo siempre quería cosas cortas. Pero supongo que al final… Según va pasando el tiempo, pierdes ese miedo y te acabas acostumbrando, y ya se te hace una rutina y no tienes miedo a dar más de ti.

El momento más difícil es cuando algún compañero o tú os quedáis en blanco, y tienes que improvisar…

¿Cuál ha sido tu momento más difícil sobre un escenario?

Pues, yo creo que los momentos más difíciles, así en concreto… No te sabría decir uno. Pero sí es verdad que el más difícil es cuando algún compañero o tú os quedáis en blanco, y tienes que improvisar… O sea, tú improvisas, pero uno  no improvisa sobre cualquier cosa. Pero tiene que ser sobre algo de lo que se vaya a hablar luego dentro de la obra, que permita que se encauce el texto.

No puedes estar haciendo una obra sobre el Medievo y empezar a hablar de música actual, porque no tendría ningún sentido. Tienes que encauzarlo a lo que viene después. Entonces es un proceso de pensar: “Vale, me voy por esta línea, pero me acuerdo de lo que digo después. ¿Qué digo yo para que vaya hasta esa línea?” Y eso todo no lleva ni un segundo, todo en un momento. Entonces, eso es lo más  difícil que te puede pasar en una escena.

¿Algún ejemplo en concreto?

Mmmm pues no sé, supongo que en una obra que hicimos que se llamaba Cuatro corazones con freno y marcha atrás había una frase clave. Era en el segundo acto, y sin la cual no se podía seguir. Un compañero tenía que decir “He pensado en suicidarme”. Pero claro, todo lo que venía después, todo lo que acontecía desde entonces hasta que acababa del acto venía por esa frase, y como no la dijo, pues de alguna manera tuve que meter yo, así un poco como se dice, con calzador, para que él se acordase de que tenía que decir eso.

 Entonces yo empecé a decir “Menos mal que no habéis pensado en acabar con vuestras vidas o hacer una locura de esas”, y ya ahí, vi como se le iluminaba la bombilla y dijo su frase. Pero claro, era un momento muy tenso, porque no era una frase cualquiera que digas “Bueno, es parte de una conversación, no se dice y no pasa nada”. Pero no, era una frase fundamental para la escena, para el acto. Entonces, si no se decía, todo lo que venía después no tenía ningún sentido.wp_20161130_010

¿Cómo es trabajar de extra en un rodaje?

La verdad es que es muy duro. La vida de extra… Hay gente que vive de eso, yo iba un par de veces al mes como mucho, y la verdad es que es duro. Porque son muchas horas de trabajo, normalmente, dependes del actor. O sea, el número de tomas depende del actor, si se lía, si lo consigue hacer todo a la primera, y luego que muchos rodajes es ensayar solo los movimientos de los extras mucho tiempo.

Muchas veces hay algunos en los que tienes que hacer ocho tomas, o veinte tomas incluso alguna vez, porque [los actores] no son capaces de recordar su frase, y estás ahí veinte tomas, y tú poniendo todo el rato la misma cara y diciendo “sí y no sé qué” Luego hay veces que ni siquiera están los actores. Te ponen a ti a las siete de la mañana a ensayar… Bueno, como un currante… Te ponen a ensayar ahí, un montón, para que llegue ahí, haga su toma y en una hora se vaya. Y luego encima a ti te toca seguir repitiéndolo para grabar audio, para tal… Y al final, la verdad es que… No compensa, no compensa todo el trabajo que tiene para lo poco que pagan.

Entonces no trabajarías como extra…

No, no. Es muy difícil trabajar como extra porque, con lo poco que pagan, aunque fueras todos los días no te da un buen sueldo . Son mil y poco, y tendrías que ir los treinta días del mes. No te podrías permitir faltar ninguno, y además no compensan las horas de trabajo con lo que pagan. Deberías tener mucha suerte para que te cogieran de extras especiales, que a estos sí que les pagan más. Son los que tienen frase o una acción especial. Pero no, como extra normal no compensa trabajar.

¿Cuál es tu personaje favorito de los que has interpretado como extra?

A ver, realmente es un poco difícil porque los personajes que he interpretado son tan cortos que no me han dado tiempo para empatizar con ellos, por así decirlo. Pero bueno, el que más me ha gustado probablemente sea uno que hice para una serie de Disney Channel, que si que era un personaje episódico. Salía en tres o cuatro episodios. Supongo que da para empatizar más. Además, era un alumno de un colegio. Como de casualidad, me cogieron para unas escenas concretitas, pequeñas, en plan: “Ponte aquí para la cámara, porque vas a ser el que tiene que hacer no sé qué gesto para que los protagonistas hagan tal”. Supongo que le cogí más cariño a ese personaje.

Lo bueno del teatro es que al final tú puedes ser quién tú quieras, y además te ayuda a perder la timidez. Haces buenos amigos.

¿Qué valores te ha aportado el teatro?

Perder vergüenza, porque está claro que en teatro no puedes ser vergonzoso, porque entonces no vas a ir a ningún lado. Además, te enseña a respetar, a confiar en los demás, pues en la escena… Las escenas muchas veces se basan en eso, en confiar, en creer que tus compañeros van a hacerlo bien y que con su buena actuación te van a ayudar a ti a que lo hagas mejor. Yo creo que eso es lo más importante que me ha enseñado el teatro.

¿Qué le dirías a alguien para lanzarse a esta afición?

Uy, para mí, es una de las cosas más divertidas. Lo bueno del teatro es que al final tú puedes ser quién tú quieras, y además te ayuda a perder la timidez. Haces buenos amigos. Lo más divertido es que luego en las obras de teatro y las improvisaciones puedes ser quién tú quieras. Puedes experimentar diferentes roles, incluso cambios de género y de edad y todo, y eso a mí me parece fascinante: puedes tener la profesión que quieras: puedes ser un médico, puedes ser un constructor, un albañil, un profesor… Puedes ser lo que tú quieras.

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